
Como religiosa joven de la Congregación Misionera Siervas del Espíritu Santo, Provincia Espíritu
Santo - Paraguay, deseo compartirles mis experiencias vividas con los indígenas Avá Guaraní
de Yapo, que fueron desalojados el 20 de mayo del 2014.
Y fue así mismo, el martes 20 de mayo se realizó el desalojo. Las Hnas. Mariblanca Barón,
Ángela Balbuena, Raquel Peralta y yo Francisca Alvarez, junto con dos técnicos de la pastoral
hemos llegado temprano al lugar.
El silencio era impresionante, ya no se oían aquellas voces o risas que uno escuchaba al llegar,
ahora estaba vacío, tuvieron que salir para que los policías no pudieran encontrarlos.
Yo sentía una gran impotencia al ver cómo iban tirando las pertenencias de los indígenas y sin poder
hacer nada porque la “ley” amparaba el desalojo.
Esta forma de proceder no sólo afecta a los indígenas sino también a cada uno de nosotros, trae
consigo muchas consecuencias, primero la violación a los derecho de los indígenas, la desigualdad
social en la que los ricos cada vez más se enriquecen a costa de los pobres (materialmente), los cambios
climáticos a consecuencia de las grandes deforestaciones.
(Hna Francisca A.)
Como religiosa joven de la Congregación Misionera Siervas del Espíritu Santo, Provincia Espíritu Santo - Paraguay, deseo compartirles mis experiencias vividas con los indígenas Avá Guaraní de Yapo, que fueron desalojados el 20 de mayo del 2014.
Han pasado cuatro meses desde mi llegada a la misión indígena Espíritu Santo, Nva. Esperanza – Canindeyú, relativamente soy nueva en esta pastoral. Tengo el propósito de ponerme en el lugar de los indígenas, sentir lo que ellos sienten, desde mi punto de vista creo que es una manera valiosísima de llegar a percibir, acoger, valorar la riqueza de vida que hay en cada uno de ellos y así poder acompañarlos.
Unos meses después de mi llegada, los indígenas de Ka´aguy Miri y Cerro Kampi tomaron fuerza para retomar su tierra, su tekoha… unas 5 mil has. Estas hectáreas están ocupadas por “Laguna S.A” en la que tienen cría de ganado vacuno y cultivos de soja.
Los indígenas se ubicaron en una zona donde aún hay un poco de bosque y agua, con las hermanas de mi comunidad hemos llegado un par de veces junto a ellos, personalmente me impresionó como llegan a transmitir el deseo enorme de luchar por sus derechos. Como signo de lucha se armaron con flechas y pintaron sus rostros.
Ya desde la entrada a la comunidad se podía percibir un espíritu unido y alegre, a pesar de la situación de tensión ante cualquier orden de desalojo que podía llegar. Digo espíritu unido y alegre porque compartían entre ellos lo que tenían, alimentos, sus ideas durante las reuniones, sus “casos”, me siento tan agradecida de compartir con ellos esos momentos.
Por la noche se realizaba en el templo el rezo “Ñembo´e jeroky”, niños, jóvenes y adultos participaban de este rito sagrado, donde también recibían fuerzas a través de las palabras alentadoras del Oporaiva.
Recuerdo las palabras de uno de los abuelos que decía; “fue el mismo Dios quien hizo la tierra”, ese lugar les pertenece porque nacieron ahí y que ningún ser humano “karai” vino a esparcir esas tierras en ese lugar para que se sientan con derecho de adueñarse de ellas.
Los indígenas estaban y están muy conscientes que deben luchar mucho para retomar su tierra, saben que el poder materialistas de los “blancos” como ellos dicen es muy fuerte. Estamos pisando sobre sus intereses económicos mis hermanos, “ñapyru i plata ryru´ari che reindy kuera” palabras de uno de los líderes.
Y fue así mismo, el martes 20 de mayo se realizó el desalojo. Las Hnas. Mariblanca Barón, Ángela Balbuena, Raquel Peralta y yo Francisca Alvarez, junto con dos técnicos de la pastoral hemos llegado temprano al lugar. El silencio era impresionante, ya no se oían aquellas voces o risas que uno escuchaba al llegar, ahora estaba vacío, tuvieron que salir para que los policías no pudieran encontrarlos.
Luego de un rato llegaron los policías, cascos azules, acompañados por unos abogados y administrador de “Laguna S.A” que procedieron a echar las casas de los indígenas, el templo con todos los instrumentos sagrados, lo peor es que iban destruyendo burlándose de que aquello era sagrado.
Yo sentía una gran impotencia al ver cómo iban tirando las pertenencias de los indígenas y sin poder hacer nada porque la “ley” amparaba el desalojo.
Esta forma de proceder no sólo afecta a los indígenas sino también a cada uno de nosotros, trae consigo muchas consecuencias, primero la violación a los derecho de los indígenas, la desigualdad social en la que los ricos cada vez más se enriquecen a costa de los pobres (materialmente), los cambios climáticos a consecuencia de las grandes deforestaciones.
En estos cuatro meses que estoy compartiendo mi vida con los indígenas ya he aprendido mucho, al conversar con ellos, escuchar los relatos de los Tamoi (abuelos), el escuchar sus propios silencios, comer con ellos, compartir su vida, estos momentos son los verdaderos maestros de vida que Jesús nos regala.
Y después, ¿cómo seguir siendo indiferentes ante nuestros hermanos indígenas? También son personas y muy sabias!, aunque la mayoría de la sociedad no crea, mejor dicho, no la perciba.
Reconozcamos y valoremos la fortaleza y espíritu de lucha de los indígenas y que éstas nos animen a seguir acompañándoles por la reivindicación de sus tierras.
Con la fuerza del Espíritu Santo sigamos compartiendo Buenas Nuevas entre los pueblos!
Francisca Alvarez M.