Si bien la preparación a nuestro XV Capítulo General 2020 nos desafía e interpela como SSpS de la “Provincia de Nuestra Señora del Carmen en Chile”, de múltiples maneras, el lema: Inmersas en la vida de la Trinidad, transformamos el mundo con compasión,...
Si bien la preparación a nuestro XV Capítulo General 2020 nos desafía e interpela como SSpS de la “Provincia de Nuestra Señora del Carmen en Chile”, de múltiples maneras, el lema: Inmersas en la vida de la Trinidad, transformamos el mundo con compasión, nos señala el norte de nuestro caminar entre incertidumbres y esperanzas indubitables hacia aquello que el Espíritu Santo quiere de Sus Siervas en el Chile de hoy. En esta búsqueda nos parece importante un aspecto obvio, pero frecuentemente, olvidado, del cual arranca todo el dinamismo del Espíritu desde nosotras hacia el “mundo quebrantado”, es decir, el origen teológico de nuestra misión. Por ende, queremos compartir aquellos textos bíblicos, que hemos buscado y también reflexionado en profundidad para responder mejor a este desafío, de tal manera, que la reflexión de estos textos trinitarios nos ilumina en la vivencia de nuestra espiritualidad trinitaria hoy como SSpS.
En efecto, dicha dimensión reflexivo-espiritual nos abre, en primer lugar, Lc 10,21-22,- una oración de júbilo y alabanza, dirigida en el Espíritu por Jesús al Padre: se vislumbra una vida profunda de la Trinidad, en la cual estamos “inmersas” por nuestra relación con cada una de las divinas Personas, relación revelada como Misterio Trino y Uno a los “pequeños”, pero concretado por nuestro amor hacia el mundo necesitado. Los textos Jn 14,23; Rm 5,5; Jn 14,9; Jn 14,15 evocan, insistentemente, este amor en cuanto condición de posibilidad para nuestra misión, subrayada por Jesús, a partir de nuestra participación en la vida de la Trinidad, cuya “morada” somos. En efecto, el amor del Padre nos llega por el Espíritu Santo, de tal modo que pedimos siempre de nuevo a Jesús “muéstranos al Padre”
Ante tal desafío de vivir y anunciar dicho misterio de amor, imposible para mujeres frágiles, recordamos la verdad profunda de Lc 1,35, centrada en María, quien recibe como respuesta a su pregunta por la concreción del ser Madre del “Hijo de Dios”: “el Espíritu Santo vendrá sobre ti”, -un misterio que se realiza “ bajo la sombra”, es decir, de tal modo, que María no sucumba ante el ”poder del Altísimo ”, el Padre. En este sentido el relato de la Anunciación, Lc 1,26-38, nos revela, progresivamente, el milagro de la Encarnación a través de las relaciones del Padre con el Hijo por el Espíritu Santo, -milagro, que se realiza gracias al sí gozoso de María dispuesta como sierva para todo en lo cotidiano.
Por su parte, los textos Mt 28,19; Jn 15,26 Mt 17,1-8 constituyen un testimonio de nuestra triple “inmersión” bautismal en el nombre del Padre, Hijo y Espíritu Santo, patente en la “Transfiguración de Jesús”, Hijo del Padre”, a quien el Padre nos invita escuchar. Este evento importante anticipa el envío del Espíritu Paráclito desde el Padre por Jesús Resucitado. Por su parte, el “Espíritu de la Verdad” nos introduce en el testimonio, visible por la alegría, que es el mismo: Jn 1,16; 14,23; Jn 15, 1; Jn 17,22; Hch 2,4; Rm 5,5 ; Rm 8,9. De ahí que, según Jn 16,12-15, la invitación a la “inmersión” en la vida trinitaria, pese a que nos produce la sensación de miedo e incapacidad, promete perspectivas nuevas. Pues, el Espíritu Santo nos regala esta novedad, al “introducirnos en “la verdad completa”, el tener “nada propio”, sino recibiendo todo del Padre para glorificar al Hijo, hacia el cual nos inclina y quien inclina a nosotras hacia las personas, que nos necesitan.
Son otros textos que se unen a la reflexión anterior para mostrar que nuestro lema es un llamado fuerte a la conversión, Hch 9, 1-19, a cambiar la vida para dar testimonio de nuestra “inmersión” en la Trinidad. Nos unimos, por ende, a la oración de 17,21; Rm 8, 39; Rm 14,8, atestiguando en el Hijo al Padre a través del Espíritu Santo, la “gloria”, que es el mismo, revelada por el “proceso de comprensión progresiva” de Jesucristo a través del “amor”, del cual nada nos separa en nuestro deseo de transformar el mundo con compasión.