EL COSTO DEL DISCIPULADO PDF Imprimir Correo electrónico
Martes 11 de Marzo de 2014 06:39

Agradecemos el testimonio de nuestras hermanas en Sudan del Sur. Y compartimos con ustedes este testimonio que fortalece nuestra Fe 

 

“El 15 de Septiembre del 2010 las SSpS dijimos “Sí” al llamado de comenzar una nueva misión en la Diócesis de Yei, Sudán del Sur.  Arribamos al país en un momento en el que la gente vivía en constante temor y alerta. Estaban siempre listos para que, en caso de un nuevo bombardeo, pudieran escapar nuevamente y buscar protección en la selva o en los campos de refugiados. Durante la guerra civil habían sido víctimas de crueles y terribles tiroteos masivos, incendio de casas, disparos y bombardeos. Cuando nosotras llegamos, la gente del Sur estaba a punto de votar en referéndum para ver si estaban a favor o no de convertirse en un país independiente de Sudán. Los sudaneses del sur que había sufrido durante años a causa de la guerra civil ponían en duda que el referéndum fura a ser pacífico.  De hecho, la mayoría sólo vivía en casas con techo de paja, casi esperando tener abandonarlas y escapar otra vez.

  

El Obispo, Erkolano Ludu Tombe, y los cristianos que nos recibieron nos dieron la bienvenida con sorpresa y gratitud. Algunos preguntaron: – “Cómo es que ustedes, Hermanas, pueden venir aquí en un tiempo como éste?”. “Ustedes vienen a abrir y comenzar una nueva misión cuando las ONG decidieron ya abandonar el país. Este es un buen signo. No escaparemos otra vez.” Otros decían: – “Ahora estamos cerca del Cielo…” Y sintieron renacer su coraje y esperanza para que el referéndum resultara bien y fuera pacífico.  La sonrisa fue entonces nuestro primer regalo para este pueblo ya que era difícil que ésta surgiera espontáneamente en sus rostros. La esperanza cristalizó más adelante en dos signos: un referéndum pacífico en enero del 2011 y la declaración de la Independencia el 9 de julio del mismo año. Entonces la gente comenzó a establecerse en casas menos precarias y nosotras agradecimos a Dios con alegría por haber podido ser parte de estos remarcables acontecimientos.

 

Ahora, otra vez surgió la pesadilla y la violencia se desató nuevamente en el país debido a fricciones entre tribus disidentes del nuevo gobierno de Sudán del Sur. El 29 de diciembre del 2013 y el 4 de enero del 2014, los tiroteos masivos llegaron a nuestro mismo sitio. Fue una experiencia terrible: balas y fuego sobrevolaban Yei. Nosotras, juntas, nos tiramos al piso cubriéndonos con los colchones; estábamos temblando, casi sin aliento, pero orando. Ahora, cuando la gente comparte con nosotras sus experiencias, podemos contestar: – “Sabemos cómo se siente. Hemos compartido el mismo miedo de ustedes. Sabemos por qué la tristeza ha cubierto el sol en sus vidas y la felicidad parece que se ha ido.”

La situación actual es nuevamente difícil y tensa. Muy similar a lo que se vivió durante la guerra civil.  La gente está muriendo o siendo desplazada: escapan nuevamente corriendo hacia la selva, al campo de la ONU y a países limítrofes. La falta de comida hace que otros mueran de hambre. Nosotras estamos aquí para ayudar en la medida de nuestras posibilidades. La oración, el apoyo de nuestra Congregación y el sacrificio de todas nuestras Hermanas y mucha otra gente nos da mucho alienta. Nosotras queremos estar unidas a la gente en esta misión: en su sufrimiento y en su miedo como también en su esperanza y su oración por la paz. Ha sido nuestra opción el quedarnos y compartir así vida con la gente de esta Tierra Sagrada que es Sudán del Sur.

Cuando la tensión volvió a crecer se nos dio la posibilidad de optar por dejar el país. Nuestras respuestas, sin embargo, marcaron otro rumbo:

“Yo siento que ahora es el tiempo de “compartir” no sólo los sufrimientos sino también nuestras esperanzas y audacia. En medio de situaciones desafiantes, la paz está clamando por un lugar donde poder nacer.”

“Yo me quedé con la gente de Sudán del Sur durante el tiempo del referéndum y ahora también durante movimiento rebelde. Porque es Jesús quién nos envió aquí en el momento justo para estar con la gente como signo de esperanza.”

“Como mujer discípula de Jesús, quiero seguirlo a Él durante todo el camino. Porque Jesús no abandonó su misión cuando su vida corrió peligro.  Quiero estar con su gente. Él no los abandonó. No puedo abandonarlos, porque los amo. La Misión en Sudán del Sur es para mí la misión más significativa de mi vida”.

“Que el Espíritu Santo nos dé nueva fuerza para tratar de caminar hacia adelante y construir nueva vida. Así como el sol se levanta cada mañana, sin importar cómo fue la “noche”, levantemos nuestras oraciones al Padre para que su Luz brille sobre todos los sudaneses”.

Nuestras Hermanas: Hna. Mercy Benson, Hna. Carmen Silvero, Hna. Veronika Theresia Rackova, Hna. Isabella Sabu y Hna. Benigilda Ladia de Sudán del Sur. (Enero 2014)