17 octubre PDF Imprimir Correo electrónico
Viernes 18 de Octubre de 2013 13:05

En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Erradicación

de la Pobreza, nos  hemos reunido, por segunda vez consecutiva, diversas

organizaciones de la sociedad civil chilena que trabajan con personas,

familias y/o comunidades en situación de pobreza, tanto en nuestro país

como también en países vecinos, con el propósito de hacer un llamado a

la sociedad en su conjunto sobre los desafíos más inmediatos que debemos

asumir en materia social con miras a un Chile más justo e integrado. 

 

Chile es un país ejemplar en muchos sentidos. Desde 1990 a la fecha ha

registrado una larga etapa de crecimiento, democracia y políticas sociales

activas que han implicado una importante expansión del gasto social. La

pobreza medida por ingresos ha registrado una caída significativa de su

incidencia poblacional, desde 45% en 1987, hasta cerca de un 15% en 2011. 

 

Pero Chile está cambiando.

Hemos reducido (aunque no eliminado del todo) el hambre, la muerte

temprana y el analfabetismo, y con ello mitigado las manifestaciones

más dramáticas de la pobreza; pero la experiencia de ser, hacer y estar

en pobreza ha cambiado, provocando un fuerte malestar social. Así, en nuestro país:

Se puede habitar en casas sólidas, pero emplazadas en barrios

segregados, generando ciudades injustas.

Se puede asistir al sistema escolar, pero uno que reparte muy

desigualmente el capital cultural de la sociedad.

Se puede acudir a los centros de salud, pero con calidades y

oportunidades de atención disímiles o que implican tratamientos

con  gastos que trastornan seriamente el presupuesto de las familias

de menor renta1.

Se puede trabajar, pero en mercados laborales segmentados, ya

que los territorios donde residen suelen presentar poca actividad

económica; así quedan expuestos a mayor informalidad, inestabilidad,

bajos sueldos.

Todo lo anterior, dificulta la construcción de proyectos de vida

jugados en la promoción y la movilidad social ascendente.

 

 En este contexto, convocamos a la sociedad en su conjunto a: 1. CAMBIAR LA MIRADA SOBRE LA POBREZA. Las políticas orientadas a la pobreza deben superarse a sí mismas. Deben avanzar desde el paradigma de “dar cosas” a un enfoque basado en convocar a los afectados a enfrentar el presente y el futuro de manera diferente y deben ser muy persistentes en este llamado. De esta manera, las políticas sociales no son meras proveedoras de bienes y servicios; son una forma de construir sociedad y debieran ser aprovechadas bajo esa mirada para convocar a la población a construir sociedad y forjar un destino común. También en ello está implícito que para superar pobreza no sólo se debe actuar sobre las personas afectadas circunstancialmente por el fenómeno, sino sobre la sociedad en su conjunto. La pobreza comprendida relacionalmente es un problema de todos; que involucra tanto a los sectores de bajos, medios y altos ingresos. En esta caracterización debemos considerar que:La pobreza no sólo se vive en un marco estrictamente individual o en las fronteras de la familia, sino que también es un fenómeno que afecta a comunidades completas.La pobreza se experimenta de modos diversos en cada etapa del ciclo vitalEs incorrecto hablar de “personas pobres”. Hay personas en situación de pobreza.Esta diferencia permite reconocer a las personas como sujetos válidos, que también poseen recursos, capacidades y potencialidades.Este cambio de mirada debe ir acompañado de una profunda modificación de las estrategias de estudio y medición de la pobreza. En ese sentido estamos muy expectantes del informe final de la Comisión Asesora Presidencial de Expertos para la Actualización de la Línea de la Pobreza y de la Pobreza Extrema convocada por el Presidente Sebastián Piñera en diciembre de 2012, entidad que se formó en respuesta al llamado que hicimos el año pasado, en esta misma fecha, planteando la necesidad de avanzar hacia una actualización de la línea de la pobreza y la complementariedad con mediciones multidimensionales, lo que implica necesariamente un cambio de institucionalidad. En segundo lugar, queremos plantear LA URGENCIA DE MODIFICAR EL SISTEMA DE FICHAS (CUESTIONARIOS) COMO MEDIOS PARA FOCALIZAR Y ESTABLECER UNA RELACIÓN CON LOS AFECTADOS.Actualmente, en nuestro país hay cerca de 3.8 millones de familias encuestadas por la Ficha de Protección Social (FPS) lo que corresponde a más de 11 millones de personas, siendo la Ficha la puerta de entrada para acceder a cientos de programas sociales del Estado e incluso ha comenzado a ser usada por el sector privado.Estamos conscientes que las actualizaciones desde la Fichas CAS hasta la Ficha Social han buscado mejorar el foco en quienes más lo necesitan y excluir a aquellos que podrían estar abusando del sistema de beneficios. No obstante, en la práctica, no se han dimensionado las secuelas del sistema, que implica que sean las propias personas las que deban asumir la responsabilidad de autodefinirse en pobreza, revelando sus miserias y carencias. Ante la Ficha sus logros no tienen cabida o son castigados con mayor puntaje. Existe evidencia contundente y alarmante sobre las consecuencias subjetivas y relacionales que el sistema de fichaje ha acarreado. En estudios cualitativos las personas señalan que ante el encuestaje experimentan sentimientos de frustración, inseguridad, sensación de menosprecio y castigo, impotencia, persecución y desafiliación.Así, este sistema junto con dar señales equívocas en torno al esfuerzo (por el aumento de los puntajes) y evidenciar insensibilidad a las nuevas áreas de insatisfacción y necesidad (ser/hacer), ha masificado una práctica que encierra un profundo ejercicio de violencia simbólica que debe ser desactivado cuanto antes. El uso del sistema de focalización por Ficha resulta excesivo y su aplicación desmesurada, para acceder a apoyos y programas que, en muchos casos, no resulta claro que requieran de ese tipo de instrumentos para focalizar. Ante ello, hoy planteamos la urgencia de los cambios. Por eso, debemos:1. Limitar al máximo el uso de Fichas que impliquen autoreporte de parte de la población, ya sea vía comprobación simple (información verificada por asistentes sociales en visitas domiciliarias) y/o sustitutivos (encuestas cuyas variables permiten calcular un puntaje que indica el nivel socioeconómico de la familia).2. Preferir esquemas categóricos de focalización que son de fácil verificación, no sólo para el Estado sino también para los ciudadanos, y difíciles de tergiversar. Estamos hablando de esquemas de focalización por selección de territorios en pobreza, o condiciones como la edad, género, el origen étnico, que eviten a toda costa la“demostración de miseria”.3. Cambiar profundamente el paradigma de relacionamiento o trato con las personas, familias o comunidades que invocan el apoyo del Estado. Esto, bajo una mirada que transita desde el “dar beneficios” al “convocar a las personas a un ejercicio decorresponsabilidad”, donde se ejercite un proceso de dignificación que les reconocecomo sujetos válidos socialmente.No se puede superar pobreza sin el involucramiento activo y crecientemente empoderado de los afectados. La pobreza, en especial entendida en sus aristas subjetivas, suele estar acompañada de impotencia, pérdida de control sobre la realidad que circunda y la imposibilidad de librarse de las dificultades eligiendo otro camino. La resolución de estos problemas requiere que las políticas sociales que sean concebidas como constructoras de una nueva sociedad: solidaria e inclusiva.Debemos avanzar sin pausa hacia el cambio de mirada: Una nueva mirada para una nueva generación de políticas, que esté fundada en el diálogo social y la participación social.